Terapia para superar la dependencia emocional en pareja. Pareja sentada viendo el atardecer en un lago con dependencia emocional.
Terapia para superar la dependencia emocional en pareja. Pareja sentada viendo el atardecer en un lago con dependencia emocional.

Ciclo de la dependencia emocional: ¿Cómo se desarrolla?

La dependencia emocional es un patrón que sigue un ciclo repetitivo en el que la persona dependiente experimenta diferentes fases que refuerzan su necesidad emocional hacia la pareja. A continuación, explicamos las fases de este ciclo y cómo afectan a la relación.

 

1. Fase de euforia: idealización inicial.

La persona dependiente suele entrar rápidamente en una fase de euforia al establecer un primer acercamiento con alguien que percibe como interesante. En este momento, la relación se idealiza completamente, ya que el dependiente crea altas expectativas sobre la otra persona, sin conocerla realmente. Esta idealización puede ser tan fuerte que no se perciben los defectos de la pareja, y todo parece perfecto en un primer momento.

 

2. Fase de sumisión: consolidación de roles.

 

Con el paso del tiempo, la relación entra en la fase de sumisión, donde se consolidan los roles de dominación y sumisión. En esta fase, la persona dependiente comienza a ceder constantemente a las demandas de la pareja, dejando de lado sus propias necesidades y deseos para complacer al otro. Esta relación se vuelve desequilibrada, con un miembro que toma el control y otro que se somete.

 

3. Fase de deterioro: aumento de la desigualdad.

La fase de deterioro es una intensificación de la fase anterior, donde la subordinación y dominación se hacen más pronunciadas. El dependiente comienza a sufrir psicológicamente, ya no acepta la situación como antes, y experimenta una pérdida de control sobre su vida emocional. En este punto, es común que ocurran humillaciones, burlas o comportamientos que afectan aún más la autoestima de la persona dependiente.

 

4. Fase de ruptura: el fin de la relación

La ruptura de la relación suele ser iniciada por la pareja, que ya está cansada de la dinámica abusiva. Sin embargo, la ruptura no siempre ocurre de manera definitiva. La persona dependiente puede intentar retomar la relación, mostrando signos de abstinencia emocional o intensificando la necesidad de reconectar con la pareja, lo que puede hacer que la situación se repita.

 

5. Fase de relaciones de transición: conexiones superficiales.

Tras la ruptura, es común que la persona dependiente se embarque en relaciones de transición, es decir, relaciones más superficiales que sirven como «puentes» entre la ruptura y una futura relación más idealizada. Estas relaciones pueden carecer de profundidad emocional y no satisfacer las verdaderas necesidades afectivas, pero son vistas como una opción temporal para evitar la soledad.

 

En estas relaciones, las personas dependientes suelen mostrarse frías y distantes, ya que no invierten emocionalmente en la relación, sino que las perciben como un paso intermedio hacia algo mejor.

 

6. Fase final: nueva idealización.

Finalmente, la persona dependiente puede conocer a una nueva pareja que, nuevamente, idealiza y coloca en un pedestal, repitiendo el ciclo. Las relaciones se vuelven una serie de repeticiones cíclicas, en las que la persona dependiente no logra establecer una relación equilibrada y madura, sino que continúa buscando relaciones con perfiles similares a las anteriores.

Ciclo de la dependencia emocional: ¿Cómo se desarrolla?

La dependencia emocional es un patrón que sigue un ciclo repetitivo en el que la persona dependiente experimenta diferentes fases que refuerzan su necesidad emocional hacia la pareja. A continuación, explicamos las fases de este ciclo y cómo afectan a la relación.

 

1. Fase de euforia: idealización inicial.

La persona dependiente suele entrar rápidamente en una fase de euforia al establecer un primer acercamiento con alguien que percibe como interesante. En este momento, la relación se idealiza completamente, ya que el dependiente crea altas expectativas sobre la otra persona, sin conocerla realmente. Esta idealización puede ser tan fuerte que no se perciben los defectos de la pareja, y todo parece perfecto en un primer momento.

 

2. Fase de sumisión: consolidación de roles.

Con el paso del tiempo, la relación entra en la fase de sumisión, donde se consolidan los roles de dominación y sumisión. En esta fase, la persona dependiente comienza a ceder constantemente a las demandas de la pareja, dejando de lado sus propias necesidades y deseos para complacer al otro. Esta relación se vuelve desequilibrada, con un miembro que toma el control y otro que se somete.

 

3. Fase de deterioro: aumento de la desigualdad.

La fase de deterioro es una intensificación de la fase anterior, donde la subordinación y dominación se hacen más pronunciadas. El dependiente comienza a sufrir psicológicamente, ya no acepta la situación como antes, y experimenta una pérdida de control sobre su vida emocional. En este punto, es común que ocurran humillaciones, burlas o comportamientos que afectan aún más la autoestima de la persona dependiente.

 

4. Fase de ruptura: el fin de la relación

La ruptura de la relación suele ser iniciada por la pareja, que ya está cansada de la dinámica abusiva. Sin embargo, la ruptura no siempre ocurre de manera definitiva. La persona dependiente puede intentar retomar la relación, mostrando signos de abstinencia emocional o intensificando la necesidad de reconectar con la pareja, lo que puede hacer que la situación se repita.

 

5. Fase de relaciones de transición: conexiones superficiales.

Tras la ruptura, es común que la persona dependiente se embarque en relaciones de transición, es decir, relaciones más superficiales que sirven como «puentes» entre la ruptura y una futura relación más idealizada. Estas relaciones pueden carecer de profundidad emocional y no satisfacer las verdaderas necesidades afectivas, pero son vistas como una opción temporal para evitar la soledad.

 

En estas relaciones, las personas dependientes suelen mostrarse frías y distantes, ya que no invierten emocionalmente en la relación, sino que las perciben como un paso intermedio hacia algo mejor.

 

6. Fase final: nueva idealización.

Finalmente, la persona dependiente puede conocer a una nueva pareja que, nuevamente, idealiza y coloca en un pedestal, repitiendo el ciclo. Las relaciones se vuelven una serie de repeticiones cíclicas, en las que la persona dependiente no logra establecer una relación equilibrada y madura, sino que continúa buscando relaciones con perfiles similares a las anteriores.

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