Terapia para superar la dependencia emocional en pareja. Pareja sentada viendo el atardecer en un lago con dependencia emocional.
Terapia para superar la dependencia emocional en pareja. Pareja sentada viendo el atardecer en un lago con dependencia emocional.

Relaciones sanas vs. dependientes: ¿cuál es la diferencia?

Dependencia no siempre es sinónimo de problema. De hecho, ser excesivamente individualista dentro de una relación probablemente tampoco sea la mejor opción.

 

En una relación de pareja sana, es normal que ambos miembros dependan en cierta medida del otro. Por ejemplo, al tomar decisiones importantes como hacer una inversión conjunta o coordinar horarios debido a los hijos. También es natural que cada uno deba ceder en ciertas situaciones y quiera pasar tiempo a solas, con sus propios intereses y actividades.

 

¿Qué caracteriza a una relación dependiente?

Sin embargo, la dependencia emocional va mucho más allá de este tipo de interacciones saludables. En una relación dependiente, la pareja pasa de ser un deseo a una necesidad esencial, priorizándose por encima de todo. Esta necesidad emocional de la pareja genera que la persona dependiente sienta que no puede vivir sin la otra.

 

En este contexto, la persona dependiente tiende a sumisión, adoptando las opiniones y valores de su pareja para evitar conflictos. Esto crea una dinámica desequilibrada que, en muchos casos, termina con una falta de autonomía y una relación en la que uno de los dos cede constantemente.

Características de una relación dependiente:

  • Desigualdad de poder: uno de los miembros cede constantemente, mientras el otro toma decisiones sin consideración del bienestar mutuo.
  • Pérdida de autonomía personal: se sacrifica la individualidad por la relación.
  • Miedo a la ruptura: la persona dependiente evita a toda costa el fin de la relación, incluso si es insalubre.

Una relación sana es aquella donde ambos miembros mantienen su independencia emocional, pero también cuentan con un espacio común de afecto y compromiso. El equilibrio es clave: ambos tienen el derecho de ceder, pero también de mantener su identidad y valores personales.

Relaciones sanas vs. dependientes: ¿cuál es la diferencia?

Dependencia no siempre es sinónimo de problema. De hecho, ser excesivamente individualista dentro de una relación probablemente tampoco sea la mejor opción.

 

En una relación de pareja sana, es normal que ambos miembros dependan en cierta medida del otro. Por ejemplo, al tomar decisiones importantes como hacer una inversión conjunta o coordinar horarios debido a los hijos. También es natural que cada uno deba ceder en ciertas situaciones y quiera pasar tiempo a solas, con sus propios intereses y actividades.

 

¿Qué caracteriza a una relación dependiente?

Sin embargo, la dependencia emocional va mucho más allá de este tipo de interacciones saludables. En una relación dependiente, la pareja pasa de ser un deseo a una necesidad esencial, priorizándose por encima de todo. Esta necesidad emocional de la pareja genera que la persona dependiente sienta que no puede vivir sin la otra.

 

En este contexto, la persona dependiente tiende a sumisión, adoptando las opiniones y valores de su pareja para evitar conflictos. Esto crea una dinámica desequilibrada que, en muchos casos, termina con una falta de autonomía y una relación en la que uno de los dos cede constantemente.

 

Características de una relación dependiente:

  • Desigualdad de poder: uno de los miembros cede constantemente, mientras el otro toma decisiones sin consideración del bienestar mutuo.
  • Pérdida de autonomía personal: se sacrifica la individualidad por la relación.
  • Miedo a la ruptura: la persona dependiente evita a toda costa el fin de la relación, incluso si es insalubre.

Una relación sana es aquella donde ambos miembros mantienen su independencia emocional, pero también cuentan con un espacio común de afecto y compromiso. El equilibrio es clave: ambos tienen el derecho de ceder, pero también de mantener su identidad y valores personales.

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